El reto: salir de la estética genérica del bienestar.
Marcia, magnetizadora establecida en la Suiza francófona, quería una presencia en línea a la altura de su trabajo — lejos de los mandalas pastel y las manos bañadas en luz dorada que saturan su sector. El desafío: inspirar credibilidad y misterio al mismo tiempo, sin caer en lo médico frío ni en lo esotérico cliché.
Segunda restricción: ella debía poder gestionar su agenda sola, sin depender de intermediarios ni de herramientas externas. Las reservas debían llegar directamente a su back-office, con aceptación o rechazo de un solo clic.